HORIZONTES TRANSITORIOS

(proyecto en proceso)

 

 

La experiencia es momentánea, y ese momento puede ser largo o corto. Algunas experiencias parecen durar toda la vida, otras ni siquiera un segundo. Cada experiencia contiene una forma de ser y de ver la vida, que puede ser fugaz, o extenderse desde el nacimiento hasta la muerte.

 

Cuanto más dejamos de lado lo que creemos que sabemos y somos, y nos basamos en la experiencia real y actual, más transitorias se revelan las cosas. Y siendo transitorias, son únicas, inescrutables y, en última instancia, indefinidas. Cada experiencia, cada momento, es de alguna manera sagrado. Es quizás tan transitorio como eterno.

 

Nuestra experiencia contiene un elemento de intermediación. Surge de lo que vino antes y al mismo tiempo cede ante lo que está por venir. Es como un horizonte, ese cambio entre la tierra y el cielo o el agua y el espacio, que a veces es tan marcado y otras casi imperceptible. Y aunque la experiencia brilla solo un momento, de ella emerge nuestro sentido fugaz de uno mismo, de los demás y del mundo.

 

Estas pinturas son momentos. Son horizontes transitorios, una parte infinitamente pequeña de la gran red de momentos diversos y siempre cambiantes que constituye la inmensidad extraordinaria de la humanidad. 

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